Condenaste a este anciano
a recordar de por vida
tu sonriente rostro.
El agua salada
que destilan mis ojos cansados
me cubren hasta olvidar
mi propio nombre.
La oportunidad
de mecernos en nuestras sillas
y reír de nuestros días más locos
se fue para siempre.
Mas solo soy yo,
quedándome dormido
con las lágrimas secas.
Grito tu nombre,
enmudecido y ahogado
por la parálisis de un sueño
que me estruja.
Despierto,
con los ojos pesados,
viendo caer la lluvia,
bañado en tristeza.
Frente a mí,
el color de las flores,
se esfuma
y pasa mi vida en vano.
Hay noches
en que la felicidad
se me escapa
con tantos suspiros.
Como si
con continuar aquí,
condenado a recordarte
sin volverte a ver,
no fuera suficiente.
Suficiente motivo
para llorar de por vida.